domingo, 27 de diciembre de 2009

ACERCA DE LA LIBERTAD

- ACERCA DE LA LIBERTAD -

En verdad ¿existe la libertad?

¿Soy, realmente, un ser libre?

¿Qué pruebas objetivas poseemos para dar a ambas preguntas sendas respuestas positivas, dotadas de total contundencia argumental?

Les confieso, hermanos cibernautas, que nada me sería más grato y tranquilizador que el poder declararme, totalmente libre, independiente y autosuficiente.

Pero, en realidad, incluso tengo dudas de que esta comunicación cibernética responda a un acto totalmente soberana de mi intelecto, o si, por el contrario, ello no es sino el simple efecto de alguna causa proveniente de mi propia naturaleza humana, a la que soy incapaz de identificar. Por ejemplo: un oculto soplo de vanidad.

Pero, a los efectos de evitar desviarnos hacia los motivos por los cuales cada uno decide escribir y los objetivos que persigue cada escribiente, conviene volver al punto inicial de estas reflexiones sobre la existencia o no de la libertad y sobre si es posible o no el ser un hombre (mujer o varón) realmente libre.

Sin duda alguna, el saber que los más sesudos filósofos no han podido ponerse de acuerdo sobre esta temática - cosa que es bastante común en ellos, puesto que cada uno suele aferrarse a su concepción sin ánimo de buscar la verdad, o de aceptar la parte de verdad, o el mejor acercamiento a la verdad que puedan encerrar las conclusiones de sus pares – nos puede inclinar a renunciar a todo intento de encontrar la respuesta a las preguntas planteadas.

Pero, como seres humanos capaces de razonar, poseedores al menos de cierto grado de inconformismo y provistos del ánimo de investigar y de la tenacidad necesaria para vencer los obstáculos, creemos que resulta una obligación el dar satisfacción al natural deseo de saber, por lo que, en definitiva, trataremos de abocarnos a la tarea de encontrar las respuestas más verosímiles a las dos preguntas inicialmente planteadas hoy.

En realidad, hay un problema existencial que una y otra vez nos vuelve a enfrentar a estas mismas preguntas. Y él deriva esencialmente, al menos así lo entendemos personalmente, de la necesidad de satisfacer la inquietud que nos plantea, el dudar sobre, si lo que hemos realizado hasta hoy, a partir del momento en que comenzamos a hacer uso racional de nuestra capacidad de pensar, reflexionar, concluir y decidir nuestra conducta personal, o, lo que aún tenemos planteado para con nuestro futuro personal, es y será la consecuencia del ejercicio pleno de nuestra libre y racional facultad de reflexionar y decidir nuestros actos de vida o, si por el contrario ello no fue, no es, ni será, otra cosa que, el resultado de elementos y/o fuerzas radicadas en el exterior de nuestra naturaleza humana, ya sean ellas la consecuencia de la voluntad de los dioses, de las leyes que rigen el mundo de la Naturaleza, o del medio ecológico, económico, social, político y cultural en el que nacemos, nos criamos, educamos, trabajamos, desarrollamos relaciones sociales, amamos, dejamos descendencia sanguínea y finalmente abandonamos este cuerpo que, dejará de existir como tal, para desintegrarse y organizarse en nuevas formas físico-químicas.

¿Qué es lo que decide nuestras ideas, nuestras aspiraciones, nuestros miedos nuestros placeres inmediatos y nuestros actos destinados a fines previamente evaluados y definidos?

¿Es una cuestión de determinismo mecanicista, de nuestro salvaje instinto animal, de conformismo religioso, de voluntarismo necio, o de racionalidad humana?

Plantear estos temas, en estas fechas en que la mayoría de la gente se dedica a aturdirse de ruidos (bombas estruendosas, músicas estridentes a todo volumen, luces sicodélicas), a dejarse sumergir en las neblinas del alcohol o en la inconciencia que provocan otras drogas más pesadas, en satisfacer la glotonería o los siempre insatisfechos apremios sexuales, o en saludar a aquellos seres que decimos apreciar y a quienes sin embargo durante todo un año privamos de nuestra palabra, parecería como algo destinado a la falta de la necesaria receptividad y del eco más adecuado.

Alguien ha definido a este siglo como el siglo del conocimiento, pero, más allá del mayor peso económico que él provoca, por cierto que, ni el siglo veinte ni lo que va de éste se caracteriza por el amor, por el afán de pensar, por una mayor racionalidad, por un acrecentamiento de sabiduría. Todo lo contrario; y, además, cuando alguien piensa demasiado bien y publica sus pensamientos, corre el riego de convertirse en el enemigo público número uno de los poderosos de turno.

Sin embargo, por eso mismo, y porque la actual nos parece una civilización deshonestamente salvaje, creemos que este es el momento más adecuado para comenzar el año 2010, dedicados a pensar y reflexionar profunda, pero llanamente, porque, si bien descargar en lo foráneo la responsabilidad del desenlace de los actos acometidos y del fracaso de los nuevos proyectos resulta una excusa muy cómoda, personalmente, el culpar a la falta de libertad de todo aquello nocivo y doloroso que nos deja el año 2009, nos aleja de la posibilidad de ahondar en las causas que realmente están atrás de nuestras ideas y acciones.

Esta comunicación, no busca dictar cátedra, ni proclamar presuntas verdades incontrovertibles, sino que, por el contrario, está destinada a encontrar e integrar una tertulia cibernética que nos ayude con sus aportes llanos.

Finalmente, para abocarnos a dar respuestas válidas a la pregunta de si existe la libertad y de si el hombre es un ser libre, nos vemos obligados a efectuar un muy sintético y rudimentario esbozo sobre el desarrollo de la vida del ser humano, cosa que iremos haciendo progresivamente, a través de sucesivas publicaciones.

XII/25/2009.

Inocencio de los llanos de Rochsaltam.


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